Somos un colectivo diverso de organizadoras, trabajadoras comunitarias y agitadoras que luchan por la justicia social en varios frentes. Aunque nuestro trabajo aborda distintas temáticas, proviene de diferentes movimientos e instituciones, y se nutre de múltiples experiencias vividas, hay sin embargo un contexto político compartido que lo informa.

En Estados Unidos, muchas de las batallas por la justicia social, durante los pasados 40 años, se han desarrollado a la defensiva, mientras la derecha, las multinacionales, y el sistema bi-partidista han dominado gran parte del escenario político. Al igual que la mayor parte del resto del mundo, en EEUU nos enfrentamos a incrementos espectaculares en los niveles de desigualdad económica, desastres ecológicos, y un sistema financiero salvaje.

Como activistas en EEUU, principalmente radicados en Nueva York, existen realidades específicas de nuestro contexto que influyen sobre quiénes somos, la forma en que nos organizamos, y lo que creemos políticamente posible. El racismo institucionalizado y otras formas de exclusión social continúan formando el tejido social del país, y como consecuencia influyen sobre nuestras luchas. A pesar de vivir en ciudades dinámicas conformadas por inmigrantes y diversos grupos raciales, es a menudo difícil establecer la confianza y solidaridad capaz de atravesar nuestras comunidades. A esto hay que añadir una disminución en los niveles de sindicalización de la fuerza laboral y cierta debilidad relativa de los movimientos sociales, que en los pasados años ha contribuido a que mucha de nuestra resistencia se “profesionalizará”, y se insertará en el sector de las ONGs, con trabajos asalariados y dependientes de fundaciones privadas.

En años recientes hemos presenciado y participado en levantamientos populares poderosos, desde Occupy Wall Street, Black Lives Matter, la Lucha por $15 de salario por hora y el movimiento por la justicia climática. Cada uno estos ejemplos ha politizado nuevos sectores de la población, masificando la protesta callejera e incidiendo sobre el debate nacional alrededor de asuntos como la brutalidad policial, la explotación laboral, y las fallas del sistema capitalista. Pero al mismo tiempo, ha sido difícil sostener momentum y crear un “movimiento de movimientos” de base masiva, que fuera capaz de crear un cambio sistémico, o de tomar poder institucional.

En EEUU han habido muchas victorias dignas de celebrar, pero al mismo tiempo hay un entendimiento compartido de que las elites que gobiernan son incapaces de producir verdadero cambio social sin presión desde abajo. Más allá de eso, buscamos ampliar radicalmente la definición de democracia mientras construimos instituciones populares alternativas que prefiguran la sociedad antirracista, antipatriarcal, igualitaria, y sostenible que deseamos.

Todo esto nos trae a España. No pretendemos idealizar los horizontes políticos que se están abriendo en el estado español, pero creemos que existen lecciones importantes que podemos aprender y relaciones con nuestras compañeras en Madrid y Barcelona que merecen ser fortalecidas. Las elecciones municipales proveen el escenario ideal para explorar las conecciones y conflictos entre movimientos sociales y los esfuerzos por crear una política redistributiva desde el campo electoral. Estamos muy deseosos de traducir nuestras experiencias con la delegación, a nuestro trabajo comunitario y político en Estados Unidos. Un mundo mejor es posible y un nuevo Estados Unidos es necesario. ¡Si se puede!